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Los ríos mudos de la ficción. Reseña de Por lagunas y acequias. La hibridez de la ficción novohispana, Trinidad Barrera (ed.), Peter Lang, Berna, 2013
Carmen Fernández Galán Montemayor | Universidad Autónoma de Zacatecas

 

 

¿Existe la ficción novohispana? Habría que comenzar con esta pregunta para comprender el propósito del libro colectivo editado en 2013 por Trinidad Barrera: Por lagunas y acequias. La hibridez de la ficción novohispana.

El concepto de ficción en el mundo colonial pareciera estar fuera del canon literario, sin embargo, en un esfuerzo por caracterizar la narrativa novohispana, Barrera apuesta por explorar las fronteras de la historia y la ficción. El texto está organizado en tres grandes apartados; el primero integra los análisis relativos a las «fantasías jocosas y alegóricas a finales del periodo novohispano,» el segundo a los «juegos ficciones entre lo pastoril y lo religioso,» y el tercer apartado, «de la fantasía a la realidad», es el camino inverso: de la ficción a la historia (con mayúsculas).

Por lagunas y acequias… comienza y concluye con una historia de piratas: la de Matilde y la de Alonso Ramírez. Barrera interpreta La heroína mexicana como «alegoría del México contemporáneo del autor mismo» (p. 20); y a partir de una lectura histórico contextual esto se traduce en una alianza de México con España para luchar contra ingleses y franceses. Del mismo modo Antonio Lorente Medina demuestra el uso estratégico del relato Los Infortunios de Alonso Ramírez por el Conde de Galve y el mismo Sigüenza y Góngora. La heroína mexicana, una mujer pirata, ficción incomprobable, frente a la existencia demostrada de Alonso Ramírez a la luz de los nuevos descubrimientos históricos, acequia una, laguna la otra, son el lugar donde se decanta la ficción.

Oscilantes entre la relación verídica y el disputado origen de lo novelesco en la Nueva España, las hipótesis sobre la heroína y el «infortunado» viajero son excelente punto de partida y llegada para la problematización de los usos de la ficción y sus mediaciones: autores, narradores, testimonios… donde la verdad es «alterada» con fines no sólo literarios sino políticos.

Dos textos claves ocupan la atención de varios autores en este libro: Los Sirgueros de la Virgen de Francisco Bramón y El Pastor de Nochebuena de Juan de Palafox, por contener lo pastoril como germen de lo novelesco. Beatriz Aracil presenta importantes datos sobre el contenido de la obra y sobre la circunstancia de Bramón; además describe la complejidad del texto como mezcla de géneros literarios: relación de fiestas, sermón, arco triunfal y puesta en escena. 

Aracil propone que en el marco de la fiesta barroca Bramón logra la metamorfosis de lo bucólico en lo urbano y de lo amoroso pastoril en lo religioso y equipara el binomio campo–ciudad con el binomio realidad–ficción, no obstante, el emborronamiento de estos límites en la obra y la imposibilidad de conseguir pruebas que demuestren que es una relación de eventos, hacen que la categoría de lo ficcional quede sin explicarse justo desde la ritualidad del barroco y sus celebraciones de lealtad. 

Quizá es en este punto donde radica la complejidad de la ficción novohispana, su cercanía con lo religioso. Ya que los usuarios de esta literatura tienen en mente su contenido como una verdad, mientras que los lectores modernos, alejados de ese universo de creencias, lo calificaremos como ficción.

Vista desde el tópico ut pictura poiesis, Beatriz Barrera propone Los Sirgueros… como una écfrasis multisensorial, una sinestesia inseparable de la actividad laudatoria y de la poesía donde Bramón logra representar los festejos a la Virgen como una experiencia estereofónica: vista, oído y olfato para armonizar «la teología y la poética, cánones y ficción, teatro y religión» (p. 194). 

Giulia De Sarlo ubica la obra de Bramón dentro del comercio de libros y la imprenta para desmitificar la supuesta inexistencia de ficción novohispana y buscando las rutas de circulación poder encontrar las influencias en la obra. Si Bramón tuvo contacto epistolar con Lima, se podría explicar el eco de las letanías peruanas en su obra, pero sobre todo la prisa por publicar Los Sirgueros… justo antes de la limitación del comercio con Perú en 1620. Lo anterior, afirma De Sarlo, es un buen punto de partida para la discusión de criollismo continental.

En la búsqueda de la tradición de la novela pastoril que tiene como eje Diana de Jorge Montemayor, Jaime J. Martínez realiza un estudio comparado de Los Sirgueros de la Virgen con La Grandeza mexicana de Bernando de Balbuena, Los pastores de Belén y el Auto de la Concepción de Nuestra Señora de Lope de Vega, entre otras obras, para destacar las rupturas del código pastoril que realiza Bramón, así como las continuidades en su «novela» sin acción que gira en torno a un misterio teológico. Novela, finalmente, porque pone en juego perspectivas y estructuras misceláneas en el momento en que el locus amoenus está en decadencia:

 

Los sirgueros, pues, sería esa novela–relación en la que las personas de ciudad, cultas, avezadas en los tópicos y claves de la tradición literaria, juegan a disfrazarse con ropajes pastoriles sin que ello suponga, en ningún caso, una verdadera identificación ideológica con el significado profundo del universo bucólico. (J. Martínez, p. 237)

 

La religiosidad católica, como sustento filosófico, doctrina o problema teológico, es el trasfondo común de la narrativa colonial sustentada en la alegoría. A este modo discursivo alegórico Ana Sánchez Acevedo lo considera un esqueleto protoficcional, ya que la alegoría didáctica–doctrinal, tiene una cara figurada que involucra un soporte ficcional (p. 245). Al analizar los niveles de ficción en El Pastor de Nochebuena de Juan de Palafox, Sánchez Acevedo resalta dos estrategias: el sueño como viaje del alma y la suspensión de tiempo y espacio que posibilitan la construcción de un universo alterno cifrado, a lo que añade el exemplum y la compositio loci

La alegorización y ejemplaridad son los rasgos que Miguel Zugasti también resalta en El Pastor de Nochebuena, sin embargo, considera que a pesar de tener una carga de narratividad, la obra no tiene una dimensión ficcional que permita clasificarla como novela, que es más bien un tratado ascético doctrinal: «estamos ante un texto de iniciación, de meditación ascética» (p. 278).

Es notoria la ausencia en Por lagunas y acequias… del sermón como género literario. En Los cuentos del predicador (Iberoamericana Vervuert 2012), Ramón Manuel Pérez Martínez sostiene que la génesis del cuento mexicano está atravesada por el exemplum como relato; y cabe subrayar que la tradición sermonaria es fundamental para comprender las estrategias y caminos de la narrativa novohispana. 

Los autores de Por lagunas y acequias…buscan la ficción novohispana principalmente en dos tradiciones: la novela alegórica y el género pastoril. Sánchez Acevedo rastrea la tradición alegórica para sumar ahí El Pastor de Nochebuena por ser un viaje iniciático, especie de novela de caballería espiritual en hibridismo con lo onírico. El locus amoenus presente en Los Sirgueros de la Virgen y en El siglo de Oro en las selvas de Erífile se suman a la hipótesis de que lo novelesco está en lo pastoril.

Otros cauces de la ficción se vislumbran en la estrategia de sueño y en la literatura de viajes, ahí se prefigura el elemento central de la novela moderna: el humor, tal como lo formula Milan Kundera, ya que en el tono satírico se toma distancia de la literatura laudatoria. Por ejemplo, la estrategia de visión en José Mariano Acosta es un recurso satírico, revela María Isabel Terán Elizondo a propósito de Sueño de sueños: el sueño resulta una táctica efectiva para exponer la verdad, pues en la ambigüedad sueño–vigilia, es posible denunciar vicios y costumbres, y lograr el objetivo final, que en el caso de José Mariano Acosta es moralizar y tomar postura en medio de la polémica dieciochesca entre tradicionalistas y modernizadores.

José Pascual Buxó sigue del mismo modo el camino del humor satírico, al ensayar la hipótesis de que Soñados regocijos de la Puebla, escrita en el siglo xviii, pudiera ser la «primera novela moderna de nuestra historia literaria» (p. 32). Aunque concluye que no es así puesto que esta pieza de teatro no puede denominarse «novela» en el sentido moderno, no obstante es una gran evidencia de la crítica anticlerical en Nueva España. La ficción dentro del teatro de igual manera se topa con el elemento hagiográfico y la intención moralizante que dificultan la separación de lo histórico y lo verdadero, respecto de la invención.

Por lagunas y acequias es posible navegar por los cauces de la ficción novohispana, y sondear los contenidos de sus moldes híbridos; el repertorio de temáticas conjuntadas con las estrategias de la ficción nos permiten comprender un mundo en transición donde irrumpe lo fantástico que no es más que el resultado de la razón ilustrada.

La muerte, eje de la conciencia barroca, atraviesa como un río subterráneo todo el texto, los textos. A partir de La Portentosa vida de la Muerte José Carlos Rovira inscribe en un pequeño atlas de la memoria (o mnemosyne) este imaginario bajo el supuesto de que la emblemática influyó en Joaquín Bolaños. Dicho de otra manera: «que escribió sobre lo que estaba viendo» (p. 47). En el cotejo de lo escrito con las ilustraciones de Francisco de Agüera, establece asociaciones entre la iconografía mortuoria del Trecento y el Renacimiento junto con las Ars Moriendi.

La influencia de la emblemática en el mundo novohispano ya había sido propuesta como una especie de gramática universal que abarca todas las esferas del arte. En su estudio sobre las fachadas de la Catedral de Morelia, Herón Pérez Martínez sostiene que las estructuras emblemáticas son híbridas y que por estar constituidas por distintos lenguajes se da en ellas una dialéctica entre el callar y el decir; concibe por tanto al emblema como una máquina de producir significaciones: un exemplum con funciones epigráficas (En pos del signo, Colegio de Michoacán, México, 1995, p. 272). 

El poema atemporal de Bernardo de Balbuena es otro modo de pensar la filiación de la narrativa a partir de otros géneros: el diálogo y la utopía renacentistas. Siglo de Oro en las Selvas de Erifile es para Gema Areta Marigó un paraíso cifrado donde el criollismo conforma su espacio en un juego de apariencias «que convierte la copia en simulacro» (p. 102): espejo de pensamiento que une el sentimiento y la intelección.

Desplazamientos de lugares, géneros y temas conforman un espacio que de utópico se transforma en identidad: metamorfosis que Eduardo Hopkins Rodríguez describe como una viaje subacuático del poeta entre la tierra de origen y México (p. 129). La sibila Erifile es la ninfa del agua y la abundancia que guía al poeta como Orfeo en tanto Isabel de Tovar se desvanece como Eurídice.

Desde un marco sociocrítico, José Antonio Mazzotti expone este trastocamiento o viraje de géneros en la continuidad de Siglo de Oro en las Selvas de Erifile y la Grandeza mexicana: 

 

México, así, es el lugar donde la poesía se ha asentado, en típico gesto que comparten muchos poetas novomundanos y criollos a fines del siglo XVI, cuando reclaman que la Musa se ha trasladado al Nuevo Mundo, como se ve en la Anónima del «Discurso en loor de la poesía» de 1608 (p. 135).

 

El tópico de alabanza a la ciudad y el viaje a ultratumba encuentran su correlato en una arcadia selvática y exuberante, y una vez recorrido el océano que divide España de Nueva España permite a Balbuena reclamar ambas orillas en un viaje de igualdad.

El agua que divide lo antiguo de lo nuevo, es la que fluye diáfana en las reflexiones que conforman Por lagunas y acequias…, un libro que recupera textos fronterizos de difícil caracterización y que no han recibido la atención de la crítica literaria para reubicarlos en el panorama de la literatura novohispana y mundial. Cada texto que integra las lagunas ofrece hipótesis sobre la narrativa colonial, sus elementos ficcionales, las acequias en su conjunto otorgan una imagen coherente de lo que podría considerarse ficción en una época donde pareciera que ésta no existía, ya sea porque lo que ahora consideramos fe era realidad o porque se prohibía todo recurso a la imaginación fuera de la ortodoxia.

Ante la dificultad de establecer los límites de la teología es necesario establecer las conexiones de la ficción con el mito. Este libro abre la discusión al respecto al proponer las obras que permiten problematizar la ficción, además de ofrecer claves de lectura para lectores especialistas e iniciados. El concepto de ficción, a veces explícito, a veces implícito en cada autor converge en la alegoría y en la sátira, lugares donde es muy difícil determinar las fronteras entre entretenimiento y pedagogía, de lo real con lo que no existe pero pudiera existir.

Para entender la ficción novohispana debemos replantear la pregunta: ¿qué es la ficción hoy?

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