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Re-significación de la Malinche en la narrativa mexicana contemporánea: La Malinche de Laura Esquivel
Elsa Leticia García Argüelles  elsalet_35@hotmail.com y 
Claudia Liliana González Núñez  safo2610@hotmail.com  |  Universidad Autónoma de Zacatecas

 

 

l estudio sobre personajes novohispanos en la narrativa mexicana contemporánea surge con la intención de pensar y reflexionar las nuevas interpretaciones que hacen una mirada retrospectiva hacia el pasado para configurar una historia vista desde la ficción. Esta línea de investigación se refleja en las publicaciones realizadas por la Universidad de Alicante de la colección cuadernos de América sin nombre, publicadas entre los años 2012 y 2013. Una de las propuestas dedica su atención a personajes femeninos que protagonizan episodios de la historia de México, entre ellos destaca la Malinche, aquella mujer indígena, intérprete y compañera de Hernán Cortés, cuya participación fue crucial en el proceso de la Conquista de México.

            Este trabajo tiene la intención de revisar la representación de la Malinche en la novela de Laura Esquivel. El análisis supone una re-significación del personaje desde la escritura femenina que propone la autora y desde los mecanismos narratológicos como los modos de enunciación y el nombre de la protagonista. Ambos elementos edifican un rostro distinto, ajeno a las interpretaciones dadas, sobre todo durante el siglo XIX.

 

La Malinche como personaje literario

 

La Malinche es un personaje que se ha nutrido, para su sobrevivencia cultural, histórica y literaria de la pluralidad, se entiende por esta última palabra las diferentes realidades que la configuran, la modifican y la re-significan desde diferentes horizontes de interpretación. Así la Malinche queda circunscrita en los ámbitos de la historia, la mitología y la literatura.

A lo largo de la historia de la literatura mexicana e hispanoamericana, la Malinche habita los universos literarios desde los diferentes géneros: la poesía, el teatro, la novela y el ensayo. El trabajo que mejor sintetiza el recorrido del personaje es del de Clara Cisneros“La Malinche, historia, mito y ficción” (2013)puesto que traza la ruta que va desde las principales crónicas de la Conquista, las piezas teatrales del siglo XIX y las propuestas literarias de autoras mexicanas del siglo XX como Rosario Castellanos, Elena Garro, Laura Esquivel entre otras, y el proyecto de las escritoras chicanas que surge en los años setenta y cuyo auge se encuentra en los ochentas.

 Cisneros incorpora a su reflexión algunas aportaciones que son importantes para el tema, entre ella están las ideas que expone Cristina González en su libro Doña Marina (La Malinche) y la formación de la identidad mexicana aunque su perspectiva es antropológica la interpretación que ofrece da pautas que guían el proceso de la significación del personaje literario. La autora reconoce con claridad dos interpretaciones esenciales en la lectura del personaje, existe una visión conservadora e hispanista que ha vinculado a la Malinche con el origen de una raza, de la patria,  aparece dotada de rasgos positivos, se valora su papel como traductora y como símbolo de la sumisión española y católica. Por otro lado, la interpretación nacionalista surge en el siglo XIX dentro del proyecto de la nueva nación, en este sentido el período colonial se desdeña y se realiza una actualización de los personajes novohispanos. En este contexto, la Malinche es la traidora por excelencia, según la versión de la historia y la tradición del imaginario cultural en México. Sin embargo, en ambas visiones, según comenta Cisneros, se encuentran como fuente la crónica de Bernal Díaz del Castillo, es decir, emerge el pasado histórico desde la posición del colonizador.

Tanto Clara Cisneros como Beatriz Aracil en “La Malinche, historia y mito en dos novelas mexicanas contemporáneas” (2013) subrayan aportación de Bernal Díaz del Castillo en Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España en la representación e interpretación que ha sufrido el personaje a lo largo de cinco siglos.  La crónica de Díaz del Castillo –comenta Cisneros–  ha dado detalles de acciones cruciales de la Conquista donde Malinche fue un sujeto activo. La descripción sobre la matanza de Cholula permite a la visión nacionalista del siglo XIX reelaborar el significado del personaje y calificar a la compañera de Cortés como traidora y culpable, de ahí los términos malinchista o malinchismo que tienen sobre todo uso en el siglo XX. Dicha  representación  se reafirmará  también con la visión de Octavio Paz en el Laberinto de la Soledad.                                                                Aracil opina que el libro de Bernal Díaz del castillo es una fuente primordial para reconstruir a la Malinche histórica. El cronista  brinda los datos sobre el origen de la mujer y habla sobre el papel que funge como intermediaria entre dos lenguas, pero según la autora, Bernal con su descripción hace de la Malinche un personaje que va más allá de su papel como intérprete, pues también le da atributos varoniles como la fuerza y la valentía. Sin embargo, la autora señala que a es el propio Bernal quien atribuye a Malinche la función de traidora y de fiel servidora de los españoles, idea que durante el siglo XIX se explota a través del proyecto nacionalista liberal, pues es ahí donde se construye el mito negativo de Malinche, que como se mencionó antes tendrá vigencia hasta el siglo XX:  “La interpretación de Paz no rompe con el mito negativo de la Malinche, puesto que insiste, aunque lo traslade a su plano casi ontológico, en su doble papel de puta y traidora”.[1]         

Finalmente, son de relevancia los estudios que Margo Glantz porque representa el otro polo de la discusión que se refleja en el proceso de creación de obras literarias de escritoras del siglo XX, llamadas por Glantz “hijas de las Maliche”  y también en el de la crítica de estudios literarios, muestra de ello es el texto La Malinche sus padres y sus hijos, obra en la cual se enfatiza la necesidad de sacar a la luz cualidades de esta mujer que desempeñó un papel crucial en la historia de México y que ha sido interpretada desde varias miradas, como heroína o como traidora: “ (…) hemos querido por ello revisarla, indagar en nuestras raíces estrechamente vinculadas con el mestizaje y replantear muchas de sus andanzas actuales y pasadas, y aclarar su significado”.[2]

 

Voces y nombres en la novela Malinche de Laura Esquivel

 

Hoppe Navarro, en su estudio “El mito de la Malinche en la obra reciente de escritoras hispanoamericanas” reconoce el papel de rescate o restauración que han hecho las escritoras mexicanas e hispanoamericanas respecto a la figura de la Malinche. Estas autoras proponen una reelaboración más profunda del personaje, muestran otra visión de la trágica experiencia de la Conquista, dedicándose a la cuestión de la identidad violada y reivindicando los elementos negativos asociados al origen de lo latinoamericano: “la tentativa en general fue deconstruir paradigmas obsoletos de los procesos sociales o históricos, sustituyéndolos por nuevas Malinches; imágenes renovadas que ofrecen aquella mujer específica, y quizás por extensión, a las mujeres en general, un papel y una voz en la historia”.[3] En las novelas y cuentos tales elementos son revistos y subvertidos. Esta literatura escrita por mujeres busca deconstruir la falacia de la actitud pasiva de las indígenas en el contacto del Conquistador. Las novelas recuperan las experiencias de esas hijas de la Conquista, de esas Malinches con rostros variados: “el mito de la Malinche acaba por ser sufrir una desmitificación”.[4] En consecuencia, generando nuevas representaciones del personaje, en este contexto se ubican algunas propuestas de Laura Esquivel.

            Laura Esquivel escribe en 2005 Malinche novela que  narra la vida de la Malinche desde su nacimiento hasta la muerte.  La estructura  de la novela es interesante pues la autora propone un narrador omnisciente,  quien reconstruye la vida del personaje de inicio a final. Sin embargo está linealidad se escapa constantemente con la reminiscencia al pasado, de manera específica a la infancia. La historia y sus momentos claves funcionan sólo para trasladar a esta  Malinche a  momentos personales con su abuela, figura femenina que está presente en toda la historia. La historia de la Conquista trascurre desde una versión y visión femenina.  En ese sentido, el trabajo de Esquivel delinea y contorna la imagen de Malinche-niña y añade la importancia del poder de la palabra conferido al personaje como intérprete de Cortés. Tanto descripciones y acciones del personaje se explican desde el contexto indígena de la época y sobre todo, desde una profunda mirada religiosa. Rosa María Grillo comenta que la novela: “otorga a Marina finalmente derecho a contar su propia historia, con voz que quiere ser a la vez, indígena y feminista”[5].  La fuerza del abordaje femenino por medio de la palabra y la memoria del personaje conforman un mundo narrativo de pretensión espiritual que busca la continuidad y renovación al describir algunas costumbres del mundo indígena.[6]

La novela de Esquivel evidencia el objetivo de re-significar a la Malinche para que abandone la imagen de traidora y aliada de los españoles. Incluso la obra minimiza su participación como traductora para reservarse a contar la historia desde la visión indígena. En ésta se recuperan las enseñanzas y los ritos de los cantos prehispánicos, la significación de la vestimenta como los huipiles así como una serie de alusiones a las mitologías prehispánicas y los códices quienes  forman parte de las ilustraciones que acompañan al libro. En este tenor, son fundamentales dos rasgos fundamentales a analizar, uno es el manejo de la voz narrativa que le confiere al personaje la apropiación del discurso y el otro,  es la manera en la cual Esquivel nombra a su personaje, aunque el título de la novela se llama Malinche, durante todo el desarrollo el narrador se refiere a Malinalli, su primer nombre de origen náhuatl.

Los estudios sobre la Malinche de carácter histórico, por ejemplo han advertido la ausencia de algún testimonio directo del personaje. La Malinche poseía el don de la palabra, pero ella nunca habla, es decir, escucha y repite las palabras de los otros, nunca las propias.  Los escasos datos que se han recuperado sobre el personaje se conocen a través de otras voces, por medio de  un discurso indirecto, empresa llevada a cabo sobre todo, por los cronistas de la época. Glantz visualiza al personaje atrapado por la paradoja, su don es el hablar pero ella nunca habla para sí misma, es  una sombra silente, agazapada por el bullicio de los otros. Glantz interroga, “¿Por qué entonces Marina, la de la voz, nunca es dueña del relato? ¿Acaso, por ser sólo una voz que trasmite un mensaje que no es suyo, no significa?”[7] El texto usa la figura retórica de la sinécdoque para expresar la forma en que la Malinche se reducía a una sola de sus partes, “quien se ve así despojado de su cuerpo es solamente una voz con capacidad de emisión” también la autora propone la  expresión “cortar la lengua” como otra de las virtudes asociadas al ejercicio de la traducción y el dominio de la lengua, pues Marina pronto aprende el castellano, hecho que agranda la visión positiva de la indígena comparándola con los poderes de una diosa.

En Malinche de Laura Esquivel  la autora da a su personaje la posibilidad de escribir su propia historia, pese a que la narración es manejada por un narrador omnisciente, éste deja hablar a sus personajes a través del estilo directo, enriqueciendo a la historia con extensos diálogos. La voz narrativa se identifica con la voz del personaje, cruce que logra la recreación de la voz personal de la Malinche en sentir de niña, esclava, compañera de conquistador, madre y mujer espiritual. Un ejemplo bastante lúcido se encuentra en el capítulo ocho de la novela, cuando Malinalli ya casada con Jaramillo recibe la visita de Cortés. Acción que permite al personaje desahogarse plenamente: “Tus espejos lo han desvanecido todo y en lugar de ello te muestran un infierno alucinante. ¡Infierno! Esa palabra aprendí contigo, esa palabra que no entiendo, ese lugar creado por tus gentes para maldecir eternamente todo lo que vive. Ese universo aterrorizante que has fabricado, ese es el que recorta tu imagen y congela en el espejo […] Lo que más odio Hernán, es haberme mirado en tus espejos. En tus negros espejos”.[8]

 ¿Por qué es tan importante un nombre y cómo trasforma al personaje? Luz Aurora Pimentel en El espacio en la ficción reflexiona en torno al concepto de nombre propio y lo define como un referente intertextual, “sistema de contigüidades obligadas que orientan y organizan la descripción, constituyen modelos tanto lingüísticos como culturales que permiten la adecuación entre la construcción textual ficcional y las construcciones de la realidad”[9] Malinche es el nombre más empleado para referirse a la intérprete y compañera del conquistador, lexía que se ha transformado en palabras como malinchismo o malinchista, término que remite a aquel que prefiere lo extranjero antes que lo propio.

Rosa María Grillo ha reflexionado sobre la relevancia de los diferentes nombres que ha recibido el personaje a lo largo de la tradición literaria. Detrás de los diversos nombres de esta mujer hay diversos mundos, juicios y discursos. Cada uno de ellos está relacionado con uno de los roles que cumple. El nombre es mucho más que una etiqueta neutral, le otorga un significado particular y específico:

Malinalli en nahuatl, significa ‘hierba torcida’ y es el octavo signo del ciclo de 260 días, día funesto; Malinal Xochtil o Malintzin era la diosa lunar, única hembra entre los hombres-estrella: también nuestra Malinalli era siempre única mujer entre hombres. Fue llamada también Tenépal, hecha de cal, es decir de piel clara como la luna, y así la describen todos los cronistas españoles, elemento importante en el proceso de blanqueamiento ideológico al que fue sometida. Con el bautismo se llamó Marina, quizás por una curiosa combinación de los nombres de los padres de Cortés, Martín y Cristina, o por ‘venida del mar’. Los indios siguieron llamándola Malinalli, y a Cortés ‘el señor de Malinalli’: ya que señor, dueño, en náhuatl se indica con el sufijo –tzin de respeto, Cortés pasó a ser Malinalli-tzin. A su vez, los españoles reconvirtieron este nombre en Malinche, cambiando el sonido dulce ‘tzin’ en ‘che’: es decir, en un principio Malinche fue Cortés –el Malinche y no la Malinche.[10]

 

En Malinche, de Laura Esquivel, hay un juego de connotaciones entre el título del libro y la manera en que se designa al personaje a través de su nombre de nacimiento. Es decir, con la primera designación lleva a sus lectores al nombre reconocido culturalmente, sin embargo es el nombre de Malinalli el que impera y el que revierte el significado del personaje desde la subjetividad e imaginación de la autora. El personaje también se re-significa y se autodefine cuando rechaza su nuevo nombre cristiano y exalta el valor onomástico en el mundo indígena:

 

Cuando la ceremonia terminó Mallinalli se acercó a Aguilar, el fraile para preguntarle cuál era el significado de Marina, el nombre que le acababan de poner. El fraile le respondió que Marina era la que provenía del mar ­– ¿Sólo eso?­ ­–¿preguntó Malinalli […] La desilusión se dibujó en sus ojos. Ella esperaba que el nombre que le estaban adjudicando los enviados de Quetzalcóatl tuviera un significado mayor. No, se lo estaban poniendo unos simples mortales que desconocían por completo el profundo significado del universo[11]

 

En uno de los apartados del texto, Mujeres que cruzan fronteras. Estudio sobre la literatura chicana femenina se examina la recurrencia onomástica en obras de escritoras chicanas quienes identifican a la Malinche como símbolo de identidad y de condición femenina.  El nombre, “efectúa el movimiento del personaje y por ende su significación, “[…] proceso de reconstrucción del yo femenino al convertirse en otra”[12].  Esta traslación semántica se lleva a cabo desde los conceptos denominados “inversión y subversión”. En el caso de la novela en análisis el nombre de Malinalli se invierte por el nombre de la Malinche  o el de Marina, usado por Esquivel con la clara intención de reconstruir desde la ficción a la mujer indígena.

 

Conclusiones

 

El resurgimiento de los personajes históricos en la narrativa actual mexicana es un fenómeno que en los últimos años se ha visualizado en las propuestas literarias de escritores  y escritoras mexicanas contemporáneas, Laura Esquivel se adhiere a esta línea interesada por recrear  a personajes históricos desde la ficción literaria con el fin de reelaborarlos desde una mirada libre, novedosa y lejana de las representaciones tradicionales.  Esta re-significación opera por medio de estrategias textuales relacionadas con la narración y la importancia de nombrar al personaje, que según Pimentel remite a una referencialidad intertextual que mantiene el significado en constante movimiento semántico. Mecanismos que logran la inversión de significados contrarios al establecido por las interpretaciones históricas-literarias dominantes y por la riqueza del personaje que posee diferentes designaciones onomásticas. La escritura femenina insiste como lo señala Grillo en presentar la misma variante, ofrecer la posibilidad de rescate y corrección de los personajes históricos a través de virtudes esencialmente femeninas.

 

Bibliografía

 

·      ARACIL, Beatriz, “Malinche historia y mito en dos novelas mexicanas contemporáneas” en Mujeres novohispanas en la narrativa mexicana contemporánea, Cuadernos de América sin nombre, España, 2013.

·      CISNEROS, Clara, “Malinche. Historia, mito y ficción” en Mujeres novohispanas en la narrativa mexicana contemporánea, Cuadernos de América sin nombre, España, 2013.

·      EUDAVE Cecilia et Ortiz Alberto,Mujeres novohispanas en la narrativa mexicana contemporánea Cuadernos de América sin nombre, España,  2013.

·      ESQUIVEL, Laura, Malinche, Punto de Lectura, México, 2015.

·      GARCÍA ARGÜELLES, Elsa Leticia, Mujeres que cruzan fronteras. Estudio sobre la literatura chicana femenina, México, Universidad Autónoma de Zaacatecas, 2010.

·      ____________ et Ortíz Alberto, “Continuidad del otro según Ojos azules, de Pérez Reverte y Malinche de Laura Esquivel” en Discurso Literario Novohispano, Construcción y análisis, Universidad Autónoma de Zacatecas, 2013.

·      GLANTZ Margo (coordinadora) La Maliche, sus padres y sus hijos, Taurus, 2000.

·      GONZÁLEZ HERNÁNDEZ, Cristina, (La Malinche) y la formación de la identidad cultural mexicana de Cristina González Hernández, Madrid, Ediciones Encuentro, 2002.

·      GRILLO, Rosa María, Escribir la historia: descubrimiento y conquista en la novela histórica de los siglos XIX Y XX, España, Cuadernos de América sin nombre, 2010.

·      HOPPE, María, “El mito de la Malinche en la obra reciente de escritoras hispanoamericanas” en  línea: Revista electrónica http://revistes.uab.cat/mitologias/article/viewFile/v4-Hoppe/14

·      PAZ Octavio, El laberinto de la Soledad, México, Fondo de cultura económica, 1998.

·      PIMENTEL, Luz Aurora, El espacio en la ficción, Siglo XXI, México, 2014

TERÁN ELIZONDO (coordinadora), Discurso literario novohispano. Construcción y análisis, México, Universidad Autónoma de Zacatecas, 2013


[1]
Véase Paz, El Laberinto de la Soledad,  p. 21.

[2]Glantz, La Malinche, sus padres y sus hijos,  pp. 10-11.

[3]Hoppe, “El mito de la Malinche en la obra reciente de escritoras hispanoamericanas”, p.7.

[4]Idem, p. 9

[5]Grillo,  Escribir la historia: descubrimiento y conquista en la novela histórica de los siglo XIX y XX,  p. 252.

[6]García, “Continuidad del otro según los ojos azules de Pérez Reverte y Malinche de Laura Esquivel”, p. 364.

[7]Glantz, Los hijos de la Malinche,  p. 129.

[8]Esquivel, Laura, Malinche, p.182.

[9]Pimentel,  Espacio en la ficción,  p. 45

[10]Idem, p. 252

[11]Esquivel, La Malinche,  (fecha), p.51.

[12]García Argüelles, Leticia, Mujeres que cruzan fronteras, p. 104..

 

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